La miro por el aujero de la tasa de pimceles
oy se vino con dos colitas con gomitas violetas
casicasi le digo que es mui linda
Para mi que la seño lo sabe
dijo que mi casita de corasones era ermosa
Uy otra ves me mira y me mira
me mira con eso ojos asules
mi cara esta caliente como una paba
y mas colorada que sus colitas
Le pido la goma y se rie
le falta un diente
me dice que no me la empresta mas
Le regalo el corason
Sapatiya de goma el que no se escondio se enbroma
punto y coma
apollo mi cara en mis brazos pa verla
ella si que dibuja lindo
a mi me tienbla la mano por culpa deya
me da miedo que se de cuenta
Me muerdo la luenga
Uf que calor que hace
La seño ablo de un problema
el numero 3 no es par creo
estoi mordiendo el lapis
su dientes
menos el que le falta
son grandes y parejos
como sus pecas
y sus pocitos de reir
Me dicen que estoi bobo
porque lescrivo bersitos
Me cacho tocaron el timbre
aora que yostaba tam bien
Ufa me boi triste
muy triste
no se que sera
espero que maniana no falte
Un dia le boi a pedi que sea mi nobia
para que las tardes dejen de ser tan orribles
2009
20 de septiembre de 2009
Vampiro
A la triste figura de una niña esperando un cliente
Soy un vampiro sin alas.
Crezco en la noche rugosa.
De sábanas frías, ácidas.
Soñando muertes de gelatina.
Se arrastran en mi los perros perversos.
Pidiendo clemencia, clamando anarquía.
Mientras lamen sus garras de festines.
Envidia de albedrío.
Tengo la sangre seca de cobardías.
El vientre hinchado de golondrinas célibes.
El pecho roído de temores hediondos.
Los muslos dilatados de ausencias.
Los lobos aúllan en busca de mis huesos.
Las hienas ríen de mi monotonía congelada.
La luna y las nubes se esparcen en gemidos.
Cuando mi cabeza destila autovenenos.
Miro los techos poseídos por los gatos.
Que se burlan en sus escorzos lascivos.
La caída de un espejo cronado.
No hay lagrimas de odio ni espanto.
No quiero comer de tu sangre vendida;
con vuelto de látex.
Quisiera mas bien abrigar tu piel morena;
para derrotar los caminos.
La vidriera me encandila neones soeces,
tu ojo azabache, inocencia alquilada,
me invita a no amarte, no quererte,
Hada de alas negras y cintura troquelada.
Si pudiera comprarte con un verso,
sin peculio ni proteínas.
Podría darte un beso de imberbe,
tras el humo de un café....
1999
Soy un vampiro sin alas.
Crezco en la noche rugosa.
De sábanas frías, ácidas.
Soñando muertes de gelatina.
Se arrastran en mi los perros perversos.
Pidiendo clemencia, clamando anarquía.
Mientras lamen sus garras de festines.
Envidia de albedrío.
Tengo la sangre seca de cobardías.
El vientre hinchado de golondrinas célibes.
El pecho roído de temores hediondos.
Los muslos dilatados de ausencias.
Los lobos aúllan en busca de mis huesos.
Las hienas ríen de mi monotonía congelada.
La luna y las nubes se esparcen en gemidos.
Cuando mi cabeza destila autovenenos.
Miro los techos poseídos por los gatos.
Que se burlan en sus escorzos lascivos.
La caída de un espejo cronado.
No hay lagrimas de odio ni espanto.
No quiero comer de tu sangre vendida;
con vuelto de látex.
Quisiera mas bien abrigar tu piel morena;
para derrotar los caminos.
La vidriera me encandila neones soeces,
tu ojo azabache, inocencia alquilada,
me invita a no amarte, no quererte,
Hada de alas negras y cintura troquelada.
Si pudiera comprarte con un verso,
sin peculio ni proteínas.
Podría darte un beso de imberbe,
tras el humo de un café....
1999
¿Y que del borde de tu espalda?
¿Y que del borde de tu espalda?
¿Qué sustancia sostiene la insostenible
levedad de tus ojos melancólicos?
Remembranzas.
Recuerdos de un futuro
no acaecido.
Espátulas de cuadros
descascarados.
La vorágine incontenible
de tus labios húmedos.
La sublime viscosidad
de un alma en espera.
Morder tu espalda,
¿me dará un mapa de abejas?
Soñar con tu aliento corriéndose
por mi oído,
apenas, creo,
una diadema de una escala de piano.
Si la yema que sostiene el bolígrafo
se deslizara por tu escápula!
No hay tinta indeleble
que manche la comisura de mi ansiedad.
Sólo suponer que la blancura
de este papel sea bendecida
por un beso de tu boca,
una caricia de tus pechos...
una gota de tu orgasmo.
(inconcluso)
2004
¿Qué sustancia sostiene la insostenible
levedad de tus ojos melancólicos?
Remembranzas.
Recuerdos de un futuro
no acaecido.
Espátulas de cuadros
descascarados.
La vorágine incontenible
de tus labios húmedos.
La sublime viscosidad
de un alma en espera.
Morder tu espalda,
¿me dará un mapa de abejas?
Soñar con tu aliento corriéndose
por mi oído,
apenas, creo,
una diadema de una escala de piano.
Si la yema que sostiene el bolígrafo
se deslizara por tu escápula!
No hay tinta indeleble
que manche la comisura de mi ansiedad.
Sólo suponer que la blancura
de este papel sea bendecida
por un beso de tu boca,
una caricia de tus pechos...
una gota de tu orgasmo.
(inconcluso)
2004
13 de septiembre de 2009
Hordas
Escucho los perros rondar,
nos huelen desde sus patrulleros.
Fácil de indentificar
vómitos de estómagos vacíos,
Fácil de reprimir,
locos, viejos, famélicos.
Están preparando los colmillos,
para despedazarnos otra vez.
Escucho a los cerdos chillar,
se filtran de nuevo en nuestro salario,
Aunque se disfracen se les nota el rabo.
Han copado los gabinetes, las rutas, las avenidas.
Han comprado las librerias, las ideas, las ondas.
No han robado el agua, la luz y las alas.
Pero vienen por más.
Quieren a nuestros hijos,
les gustan sus manitas, su pelo y sus ojos,
harán buenos números con sus higados y riñones.
Se han apostado en las esquinas,
vendiendo felicidad sintética,
donde las cámaras los ven.
Pero los perros son ciegos.
¿Para que me sirve la memoria?
Otra vez, los corrales están cercados.
Los carneros guiñan los ojos a las guadañas.
Vuelvo a sentir sus discursos.
Volverán a aceitar las parrillas.
¿Cuantas tumbas vacías habrá esta vez?
2001
nos huelen desde sus patrulleros.
Fácil de indentificar
vómitos de estómagos vacíos,
Fácil de reprimir,
locos, viejos, famélicos.
Están preparando los colmillos,
para despedazarnos otra vez.
Escucho a los cerdos chillar,
se filtran de nuevo en nuestro salario,
Aunque se disfracen se les nota el rabo.
Han copado los gabinetes, las rutas, las avenidas.
Han comprado las librerias, las ideas, las ondas.
No han robado el agua, la luz y las alas.
Pero vienen por más.
Quieren a nuestros hijos,
les gustan sus manitas, su pelo y sus ojos,
harán buenos números con sus higados y riñones.
Se han apostado en las esquinas,
vendiendo felicidad sintética,
donde las cámaras los ven.
Pero los perros son ciegos.
¿Para que me sirve la memoria?
Otra vez, los corrales están cercados.
Los carneros guiñan los ojos a las guadañas.
Vuelvo a sentir sus discursos.
Volverán a aceitar las parrillas.
¿Cuantas tumbas vacías habrá esta vez?
2001
Avioncitos de Juguete
Viste, ¡que cosa!, los avioncitos.
Vos que los arrojabas con tu mano de hierro.
Vos que inventaste los bombarderos sobre Nicaragua.
Vos que soltaste a Baby Child desde el Enola Gay
Vos que asolaste el Mekong de Napalm.
Vos que volaste sobre la Plaza de Mayo.
Vos que probaste puntería en el Palacio de la Moneda.
¿Qué no fuiste vos?
¿De quien creés que hablo?
Tenés razón,
no fuiste vos.
Quien alumbraste de terror a Guernica,
Ensombreciste el mediodía de Londres,
Quien llenó de Tora Tora tu Puerto de Perlas
Vos, gendarme no invocado,
estás probando de tu veneno,
veneno que no saludo.
No podrás en las cenizas de Kabul,
secar tus propias lágrimas inocentes,
de los escombros de tus Twin Towers.
2001
Vos que los arrojabas con tu mano de hierro.
Vos que inventaste los bombarderos sobre Nicaragua.
Vos que soltaste a Baby Child desde el Enola Gay
Vos que asolaste el Mekong de Napalm.
Vos que volaste sobre la Plaza de Mayo.
Vos que probaste puntería en el Palacio de la Moneda.
¿Qué no fuiste vos?
¿De quien creés que hablo?
Tenés razón,
no fuiste vos.
Quien alumbraste de terror a Guernica,
Ensombreciste el mediodía de Londres,
Quien llenó de Tora Tora tu Puerto de Perlas
Vos, gendarme no invocado,
estás probando de tu veneno,
veneno que no saludo.
No podrás en las cenizas de Kabul,
secar tus propias lágrimas inocentes,
de los escombros de tus Twin Towers.
2001
Abriría la puerta azul
1. Obertura
Abriría la puerta azul,
la que me lleve a tus caminos
circulares, limpios y amarillos.
Pero temo abrir la puerta,
me quedaré aquí,
viéndote en tu pecera,
regalándome burbujas.
2. Opus 54231
A veces,
sólo de no verte,
se me incendian las magnolias;
me arrinconan las telarañas.
Leo los epígrafes,
donde los pianistas;
han dibujados fantasías,
con sonido a ojos en espera,
que arrastran la certeza de tu nombre.
Entonces abriría la puerta azul,
me abalanzaría al encuentro de tus pies,
retorcería tus tarsos en mis húmeros,
para impedir tu vuelo.
Porque sé de la levedad,
de tu espalda infinita.
Oquedad muerta,
son tus pasos lo que me aligeran;
inventados de zapatillas,
en la ignorancia total de tus muslos.
3. Interludio
Entonces me paro frente a los espejos,
y busco justificaciones.
Los locos,
se sabe,
buscamos justificaciones;
para asesinar a los fantasmas blancos.
Los locos,
se sabe,
morimos en las tardes,
de olvidos confabulados.
4. Finale sin brio
Entonces, para no morir,
cierro la puerta,
apoyo suave el oído debajo del bronce;
escucho tu voz,
tu respiración,
y me miento un rato.
Me miento.
A que no es el bronce,
sino la insignia egipcia de tu esternón.
A que no es tu voz,
sino mi oído acurrucado,
escuchando tus palpitaciones.
A que no es la distancia,
sino tu mano pronada,
enredada en mis canas.
Y me muerdo los labios,
para recuperar la cordura,
Respiro profundo,
para atemperar mis comisuras.
Cuento hasta gugol,
para retener mis lágrimas.
Ahí es cuando ensayo un cascarrillo,
escribo una comedia,
doy tres brincos.
Que se me ha caído la nariz.
Aprieto el picaporte con mis vértebras,
giro sobre mi piel sin abandonar la pared,
me paro frente a tus ventanas,
empaño tus vidrios.
Dejo en el cristal la marca,
que nunca tendrá tu boca.
Borro...
trato de borrar,
las palabras insensatas,
los sueños de azucenas,
con mis mangas desabrochadas.
Y te veo, imponente,
como a los tiburones de los acuarios;
para recibir tu sonrisa,
y ahogarme de tus burbujas.
2002
Abriría la puerta azul,
la que me lleve a tus caminos
circulares, limpios y amarillos.
Pero temo abrir la puerta,
me quedaré aquí,
viéndote en tu pecera,
regalándome burbujas.
2. Opus 54231
A veces,
sólo de no verte,
se me incendian las magnolias;
me arrinconan las telarañas.
Leo los epígrafes,
donde los pianistas;
han dibujados fantasías,
con sonido a ojos en espera,
que arrastran la certeza de tu nombre.
Entonces abriría la puerta azul,
me abalanzaría al encuentro de tus pies,
retorcería tus tarsos en mis húmeros,
para impedir tu vuelo.
Porque sé de la levedad,
de tu espalda infinita.
Oquedad muerta,
son tus pasos lo que me aligeran;
inventados de zapatillas,
en la ignorancia total de tus muslos.
3. Interludio
Entonces me paro frente a los espejos,
y busco justificaciones.
Los locos,
se sabe,
buscamos justificaciones;
para asesinar a los fantasmas blancos.
Los locos,
se sabe,
morimos en las tardes,
de olvidos confabulados.
4. Finale sin brio
Entonces, para no morir,
cierro la puerta,
apoyo suave el oído debajo del bronce;
escucho tu voz,
tu respiración,
y me miento un rato.
Me miento.
A que no es el bronce,
sino la insignia egipcia de tu esternón.
A que no es tu voz,
sino mi oído acurrucado,
escuchando tus palpitaciones.
A que no es la distancia,
sino tu mano pronada,
enredada en mis canas.
Y me muerdo los labios,
para recuperar la cordura,
Respiro profundo,
para atemperar mis comisuras.
Cuento hasta gugol,
para retener mis lágrimas.
Ahí es cuando ensayo un cascarrillo,
escribo una comedia,
doy tres brincos.
Que se me ha caído la nariz.
Aprieto el picaporte con mis vértebras,
giro sobre mi piel sin abandonar la pared,
me paro frente a tus ventanas,
empaño tus vidrios.
Dejo en el cristal la marca,
que nunca tendrá tu boca.
Borro...
trato de borrar,
las palabras insensatas,
los sueños de azucenas,
con mis mangas desabrochadas.
Y te veo, imponente,
como a los tiburones de los acuarios;
para recibir tu sonrisa,
y ahogarme de tus burbujas.
2002
2 de agosto de 2009
Yo estaba confundido.
Farfullé improperios a los mosquitos,
que habían arponeado mi espalda.
Puse la trampera para la rata,
que me había mordido el pulgar derecho.
Haché el arbusto de ajíes puta parió,
que me habían ardido los labios.
Maldije a las estrellas,
por haberse enturbiado en mi retina.
Yo estaba confundido.
Fue aquella primera noche,
que escondido bajo cobijas,
no tuve las dunas de tu espalda.
2004
que habían arponeado mi espalda.
Puse la trampera para la rata,
que me había mordido el pulgar derecho.
Haché el arbusto de ajíes puta parió,
que me habían ardido los labios.
Maldije a las estrellas,
por haberse enturbiado en mi retina.
Yo estaba confundido.
Fue aquella primera noche,
que escondido bajo cobijas,
no tuve las dunas de tu espalda.
2004
1 de agosto de 2009
El problema es tener amigos
Y los amigos,
como los rios,
terminan defluando mares.
Yo, por ejemplo,
tomaba mate y sopa de zapallo.
Tenía frío y no me sobraban monedas.
Pero esa amiga estaba allí.
A veces, como los volcanes,
las venas exbroptan truendes,
y los amigos siedran la buerta
em suabe silensio de bantuflas.
Yo tenía una rayuela llena de gatos
que se colgó, sin aviso,
de un cometa rumbo a Limuria.
Como decir entonces
de los participios partidos
la circunstancia de un adverbio
la quietud de un verbo
la vaciedad de un nombre.
Quise llorar las cenizas de los pájaros,
pero ni pude montar aquel viejo parapente que colgaba detras del espejo junto a esas florcitas de sintético por encima de la canilla.
Es cierto.
Los panqueques nunca saberán lo mismo.
5 DE OCTUBRE DE 2008 20:02
como los rios,
terminan defluando mares.
Yo, por ejemplo,
tomaba mate y sopa de zapallo.
Tenía frío y no me sobraban monedas.
Pero esa amiga estaba allí.
A veces, como los volcanes,
las venas exbroptan truendes,
y los amigos siedran la buerta
em suabe silensio de bantuflas.
Yo tenía una rayuela llena de gatos
que se colgó, sin aviso,
de un cometa rumbo a Limuria.
Como decir entonces
de los participios partidos
la circunstancia de un adverbio
la quietud de un verbo
la vaciedad de un nombre.
Quise llorar las cenizas de los pájaros,
pero ni pude montar aquel viejo parapente que colgaba detras del espejo junto a esas florcitas de sintético por encima de la canilla.
Es cierto.
Los panqueques nunca saberán lo mismo.
5 DE OCTUBRE DE 2008 20:02
Después del naufragio
I
Después del naufragio,
unas fotos felices flotando en el aceite.
Después del beso,
el cuello adusto y el alma incontinente.
Después de la llaga,
la escara, la granulación, la costra,
la piel al sol, para volver al fuego.
Después del adiós,
el polvo sobre las horas secas de un diario interrumpido.
Después de la calma,
la tormenta, mi aliento, tu espuma, el cielo.
Después de la traición,
candados oxidados que guardan recuerdos de vómitos,
las palomas libres sin nido.
Después de la angustia,
la mañana que ilumina un patio con rocíos secos.
Después de la locura,
el exilio, el valle tierno,
para otra pasión,
nueva locura.
Después de la aurora,
redes viejas de peces muertos,
mejor ver el mar,
a través de tus piernas.
II
Después de cortar la soga de mi muerte,
hallarte para respirar.
Después de respirar,
tus ojos, tu piel, tu boca, para agonizar.
Después de agonizar
tu calma, tu sábana, tus pechos para beber.
Después de beber,
tu boca, tu ombligo, tu mitad,
para volver a arder.
Después de arder,
el baño de tu mar, tu caballo de nube, te toca mover.
Después de mover,
tu abrazo de piel dextrógira y una mentira.
Después de mentir,
el vacío de las cortinas que preguntan de mi venir.
Después de venir,
a caer en este abismo de mi piel,
el deseo de volver a morir.
Después de morir en tu vientre,
volver a nacer nuevas venas para cortar.
2001
Después del naufragio,
unas fotos felices flotando en el aceite.
Después del beso,
el cuello adusto y el alma incontinente.
Después de la llaga,
la escara, la granulación, la costra,
la piel al sol, para volver al fuego.
Después del adiós,
el polvo sobre las horas secas de un diario interrumpido.
Después de la calma,
la tormenta, mi aliento, tu espuma, el cielo.
Después de la traición,
candados oxidados que guardan recuerdos de vómitos,
las palomas libres sin nido.
Después de la angustia,
la mañana que ilumina un patio con rocíos secos.
Después de la locura,
el exilio, el valle tierno,
para otra pasión,
nueva locura.
Después de la aurora,
redes viejas de peces muertos,
mejor ver el mar,
a través de tus piernas.
II
Después de cortar la soga de mi muerte,
hallarte para respirar.
Después de respirar,
tus ojos, tu piel, tu boca, para agonizar.
Después de agonizar
tu calma, tu sábana, tus pechos para beber.
Después de beber,
tu boca, tu ombligo, tu mitad,
para volver a arder.
Después de arder,
el baño de tu mar, tu caballo de nube, te toca mover.
Después de mover,
tu abrazo de piel dextrógira y una mentira.
Después de mentir,
el vacío de las cortinas que preguntan de mi venir.
Después de venir,
a caer en este abismo de mi piel,
el deseo de volver a morir.
Después de morir en tu vientre,
volver a nacer nuevas venas para cortar.
2001
3 de enero de 2009
Bohemio, las pelotas
Me duele la pobreza de esta tierra.
Donce toda clase de mercaderes
políticos, narcos,
pastores y pederastas
Llenan su molino con trigo quemado.
Cerveza, porro, paco.
Biblias, naciones, partidos.
Aburrimiento, desidia,
afano, cumbia villera.
Dejar que
sólo pase el tiempo
dolor de la nada
un miedo de vivir
Mirandose el cerebro trepanado
en el brillo de la lata.
Estos chicos visten Nike
toman Coca Cola
usan Nokia
lavan con Ariel
y comen asado.
Claro,
no pueden un Big Mac
porque no los dejan entrar.
Apenas manejan un lápiz
y no saben de cuadernos.
No conocen ni a Einstein ni a Chaplin,
Ni Atahualpa ni Martí,
ni Borges ni Walsh,
Alfonsina, Platt, Colombo o Thénon.
Bueno,
quizá tengas razón,
esos eran otros tiempos.
Estos chicos
nacen vencidos.
Carne de barra brava
Olmos o Vucetich
trabajo en negro,
planes trabajar,
burlarse,
golpearse,
matarse
sólo por hacer algo.
Unos
serán soldaditos de fábrica
¡sí, señor!, ¡no, señor!
¿me agacho más?, Señor.
Otros
duchos en todos los fierros,
ni padre,
ni madre,
ni hijos.
Hablan de si mismos en tercera persona.
Ni saben quien,
realmente,
los gobierna.
Entran al cuarto oscuro
con la boleta marcada.
Que toque,
me decís
temas menos sufridos.
Que eso ya lo notaron
Mozart, Dylan, Morrison,
Discépolo, Yupanqui y Spinetta
Que ya está.
Que ya fue.
Chan chan.
Pero no.
Bohemio, las pelotas.
Cierto es que no sé de piedras,
puños, pasamontañas ni fusiles.
Que acuerdo mas con Gandhi, King, Lennon
que con Sorel, X, Santucho.
Pero,
no me olvido del Che
Pero el tiempo pasa
y mi lugar es este.
Que mis brazos
viejos, flacos y cansados
no desesperen.
Será mejor apagar el televisor
y subir el volumen
cuidando que chicos ajenos
de vez en cuando
coman algo
dejen de escuchar a
borrachos,
nazionalistas,
bailarines
y predicadores
y
hagan la tarea.
2009
Donce toda clase de mercaderes
políticos, narcos,
pastores y pederastas
Llenan su molino con trigo quemado.
Cerveza, porro, paco.
Biblias, naciones, partidos.
Aburrimiento, desidia,
afano, cumbia villera.
Dejar que
sólo pase el tiempo
dolor de la nada
un miedo de vivir
Mirandose el cerebro trepanado
en el brillo de la lata.
Estos chicos visten Nike
toman Coca Cola
usan Nokia
lavan con Ariel
y comen asado.
Claro,
no pueden un Big Mac
porque no los dejan entrar.
Apenas manejan un lápiz
y no saben de cuadernos.
No conocen ni a Einstein ni a Chaplin,
Ni Atahualpa ni Martí,
ni Borges ni Walsh,
Alfonsina, Platt, Colombo o Thénon.
Bueno,
quizá tengas razón,
esos eran otros tiempos.
Estos chicos
nacen vencidos.
Carne de barra brava
Olmos o Vucetich
trabajo en negro,
planes trabajar,
burlarse,
golpearse,
matarse
sólo por hacer algo.
Unos
serán soldaditos de fábrica
¡sí, señor!, ¡no, señor!
¿me agacho más?, Señor.
Otros
duchos en todos los fierros,
ni padre,
ni madre,
ni hijos.
Hablan de si mismos en tercera persona.
Ni saben quien,
realmente,
los gobierna.
Entran al cuarto oscuro
con la boleta marcada.
Que toque,
me decís
temas menos sufridos.
Que eso ya lo notaron
Mozart, Dylan, Morrison,
Discépolo, Yupanqui y Spinetta
Que ya está.
Que ya fue.
Chan chan.
Pero no.
Bohemio, las pelotas.
Cierto es que no sé de piedras,
puños, pasamontañas ni fusiles.
Que acuerdo mas con Gandhi, King, Lennon
que con Sorel, X, Santucho.
Pero,
no me olvido del Che
Pero el tiempo pasa
y mi lugar es este.
Que mis brazos
viejos, flacos y cansados
no desesperen.
Será mejor apagar el televisor
y subir el volumen
cuidando que chicos ajenos
de vez en cuando
coman algo
dejen de escuchar a
borrachos,
nazionalistas,
bailarines
y predicadores
y
hagan la tarea.
2009
No me sigas perro
No me sigas perro,
ya no tengo aquellas dulces caricias.
No me mires,
se me esfumaron las inocencias.
No tendrás en un plato,
mas que mis amarguras,
nada de sal,
nada de azúcar,
mi carne caída de años,
sopa de mis lágrimas.
No me sigas.
No quiero descargar en vos,
mis decepciones.
Darte un hueco infinito,
de calidez fingida.
Quedate en tus veredas.
Quizá alguna hembra te comprenda.
Yo giraré la llave.
Y me acordaré de tu soledad.
2001
ya no tengo aquellas dulces caricias.
No me mires,
se me esfumaron las inocencias.
No tendrás en un plato,
mas que mis amarguras,
nada de sal,
nada de azúcar,
mi carne caída de años,
sopa de mis lágrimas.
No me sigas.
No quiero descargar en vos,
mis decepciones.
Darte un hueco infinito,
de calidez fingida.
Quedate en tus veredas.
Quizá alguna hembra te comprenda.
Yo giraré la llave.
Y me acordaré de tu soledad.
2001
27 de diciembre de 2008
Infusiones aromáticas
1.
Café de invierno.
No volveré a pensar en blanco.
No confiaré nunca más en tus manos sepia.
Algo le has puesto a mi café.
Me arrebatan pantanos de invierno,
si no hago huracanes de mi boca.
No estás.
Tengo el diario en la silla de enfrente.
El mozo ya me levantó tres veces el paraguas.
Algún chico habrá dibujado un corazón en el vidrio.
Subo el volumen de mi walkman para no escuchar tus latidos.
Tengo el tick de morderme el labio inferior antes de mirar la crema.
Llueve.
Pasó un 46 escupiendo gasoil.
Mastico tus labios pegados al borde de la taza.
La señora que come sopa inglesa no deja de mirarme.
Le molesta mi talón acompañando a Nick Mason.
Quizá crea en mi epilepsia chicle.
Miro el fondo del pocillo.
Azúcar de espumas crepitantes.
Como el sabor de tu muslo, tus labios,
tu clítoris, tus labios, tu muslo.
Sabor a café y mermelada.
No volveré a pensar en blanco.
Algo me has puesto en el café.
Que ahora quiero llorar.
2.
Manzanilla de otoño
Paró el chaparrón.
Entraste descalza con los zapatos en la mano.
Seguís abrazada a tu pulóver.
Abrasada de marca de cuello.
Seguís, feliz, sin saludarme.
Te preparo una manzanilla.
No intento cobijar tu cuerpo enajenado.
Te miro, rodeando con tus palmas la taza.
Tu perfil, tus cabeceos,
tus sonrisas colgadas de arco iris.
Repasando ritos de otras sábanas.
Travesuras que intuyo y no conozco.
En brebajes intensos que sólo vos percibís.
Siempre me formulás la misma pregunta.
Te doy la misma respuesta.
La puerta se abrirá.
Hasta que se rompa la llave.
Luego, te la regalaré y saldré a la calle.
Husmearé como perro solitario los jardines felices.
Quizá las palomas se espanten.
Y comience otra agonía de amor.
3.
Mate de verano
Músculo joven.
Pose de pensador derrotado, buscando respiro.
Tapar los huecos, clavar la alfombra, revocar el baño.
Viniste con el mate dentro de un jarro.
Te miré la sonrisa.
Toqué el machimbre.
Agradecí al universo.
Te escondiste detrás de una pollera.
Raro.
Nunca te vi tomar mate.
Otro rechazo más.
Se te desbuclizó el pelo.
Cambiaste algunos dientes.
Estiraste los huesos.
Hay retratos que me faltan.
La de ese mate embrujado que no vi.
Que te provocó amnesia.
Que ya no recordás quien soy yo.
4.
Té de primavera
Por fin se desbordó el vaso.
Gotas de limón, azúcar, tinta y baba.
Es un té extraño aroma a pino.
Pava que silba, bombilla que atraganta.
¿Quién es esa niña de alas de parapente?
Fue una pluma de cóndor, creo,
en una de esas tardes, en que trepaba,
con las uñas de los pies, las montañas.
Caí en helicoides desde la altura hasta tus pies.
Te hiciste a un costado.
No me alzas, ni me pisas.
Y permanezco reptado.
Hasta que un loco me sopla armonías,
verso final, escape al infierno,
me exigís que desidealize,
corporizo y te desagrada la elección.
Huelo tu piel sólo de saludos.
Mis manos quietas, como siempre.
Mi máscara impasible, como siempre.
Mis celos resignados, como siempre.
Mis ojos desorbitados, como siempre.
Pero esta bien.
Quiero tu enojo.
Tu té para otro.
Tu cuerda de guitarra que no pulsaré.
Una forma,
simples delirios,
de creer que mis poemas no te son indiferentes.
2001
Café de invierno.
No volveré a pensar en blanco.
No confiaré nunca más en tus manos sepia.
Algo le has puesto a mi café.
Me arrebatan pantanos de invierno,
si no hago huracanes de mi boca.
No estás.
Tengo el diario en la silla de enfrente.
El mozo ya me levantó tres veces el paraguas.
Algún chico habrá dibujado un corazón en el vidrio.
Subo el volumen de mi walkman para no escuchar tus latidos.
Tengo el tick de morderme el labio inferior antes de mirar la crema.
Llueve.
Pasó un 46 escupiendo gasoil.
Mastico tus labios pegados al borde de la taza.
La señora que come sopa inglesa no deja de mirarme.
Le molesta mi talón acompañando a Nick Mason.
Quizá crea en mi epilepsia chicle.
Miro el fondo del pocillo.
Azúcar de espumas crepitantes.
Como el sabor de tu muslo, tus labios,
tu clítoris, tus labios, tu muslo.
Sabor a café y mermelada.
No volveré a pensar en blanco.
Algo me has puesto en el café.
Que ahora quiero llorar.
2.
Manzanilla de otoño
Paró el chaparrón.
Entraste descalza con los zapatos en la mano.
Seguís abrazada a tu pulóver.
Abrasada de marca de cuello.
Seguís, feliz, sin saludarme.
Te preparo una manzanilla.
No intento cobijar tu cuerpo enajenado.
Te miro, rodeando con tus palmas la taza.
Tu perfil, tus cabeceos,
tus sonrisas colgadas de arco iris.
Repasando ritos de otras sábanas.
Travesuras que intuyo y no conozco.
En brebajes intensos que sólo vos percibís.
Siempre me formulás la misma pregunta.
Te doy la misma respuesta.
La puerta se abrirá.
Hasta que se rompa la llave.
Luego, te la regalaré y saldré a la calle.
Husmearé como perro solitario los jardines felices.
Quizá las palomas se espanten.
Y comience otra agonía de amor.
3.
Mate de verano
Músculo joven.
Pose de pensador derrotado, buscando respiro.
Tapar los huecos, clavar la alfombra, revocar el baño.
Viniste con el mate dentro de un jarro.
Te miré la sonrisa.
Toqué el machimbre.
Agradecí al universo.
Te escondiste detrás de una pollera.
Raro.
Nunca te vi tomar mate.
Otro rechazo más.
Se te desbuclizó el pelo.
Cambiaste algunos dientes.
Estiraste los huesos.
Hay retratos que me faltan.
La de ese mate embrujado que no vi.
Que te provocó amnesia.
Que ya no recordás quien soy yo.
4.
Té de primavera
Por fin se desbordó el vaso.
Gotas de limón, azúcar, tinta y baba.
Es un té extraño aroma a pino.
Pava que silba, bombilla que atraganta.
¿Quién es esa niña de alas de parapente?
Fue una pluma de cóndor, creo,
en una de esas tardes, en que trepaba,
con las uñas de los pies, las montañas.
Caí en helicoides desde la altura hasta tus pies.
Te hiciste a un costado.
No me alzas, ni me pisas.
Y permanezco reptado.
Hasta que un loco me sopla armonías,
verso final, escape al infierno,
me exigís que desidealize,
corporizo y te desagrada la elección.
Huelo tu piel sólo de saludos.
Mis manos quietas, como siempre.
Mi máscara impasible, como siempre.
Mis celos resignados, como siempre.
Mis ojos desorbitados, como siempre.
Pero esta bien.
Quiero tu enojo.
Tu té para otro.
Tu cuerda de guitarra que no pulsaré.
Una forma,
simples delirios,
de creer que mis poemas no te son indiferentes.
2001
Ghettos sudacas
Nunca pases por un ghetto sudaca,
no te detengas ante el semáforo,
ni lo cruces a plena luz.
Allí,
decimos en los quinchos,
sólo hay ladrones, borrachos,
violadores y prostitutas.
Son vagos que no conocen
Orlando ni París.
Hijos sin padre que vuelan
de coca y Poxiram.
En los bunkers sudacas,
en cambio,
(rejas, vigiladores y láser),
radica la esencia de la raza,
los futuros perpetuados en bronce.
Fortalezas elevadas de estirpe,
(cuentas suizas, narcodólares,
coimas parlamentarias)
Prohombres que escribiremos la historia
(deudas que pagan otros,
corrupciones, tortura).
En los ghettos sudaca,
cuidado,
viven esos salvajes,
enemigos de la civilización,
ignorantes que no conocen a Friedman.
Supersticiosos que tapan
los agujeros de sus chozas,
con fotos de Jesús, Evita, el Che y Maradona.
Se les ve en la piel su pobre ascendencia,
(quechua, aymará, querandí,
comechingón, guaraní, charrua,
africana, baja italia, lejana andalucía)
cuando se acercan a limpiarte el parabrisas,
pedirte una moneda con un crío en brazos,
con su olor a porro y vino en caja,
con su espalda doblada de madre de 13 años.
En los quinchos deliberamos,
por suerte,
luego del hoyo 18,
asado y whisky importado,
como deshacerse de ellos.
Ya no necesitamos
su mano de obra barata,
su carne de cañón
en guerra libertadoras,
y sus votos nos cuestan
cada día más empanadas.
Ha de ser urgente.
Andan cortando rutas,
instruyéndose sobre el valor de un libro,
la importancia de la solidaridad,
su inalienable dignidad de estirpe humana.
¿Que discurso al pie de la Bastilla es ese?
Otra vez esos subversivos
marxistas,
intelectuales,
pastores
y sotanas jóvenes,
que se internan en sus aguas servidas,
les apagan sus televisores
les rompen sus hipodérmicas
sólo para confundirlos,
hablándoles de otro mundo
posible y distinto.
Pero vos,
encuchá nuestros noticieros.
No te detengas en una villa,
(sólo quieren tu auto
y el cuerpo de tu hermana)
No mires sus montañas de cartones reciclados,
(las cambian por merca,
que nosotros les vendemos).
No compres sus cobros por indemnizaciones,
(justa paga por negarse a la esclavitud)
Tené en cuenta,
imberbe estúpido,
que si no seguís estas verdades,
como a tus padres,
te haremos desaparecer.
2003
no te detengas ante el semáforo,
ni lo cruces a plena luz.
Allí,
decimos en los quinchos,
sólo hay ladrones, borrachos,
violadores y prostitutas.
Son vagos que no conocen
Orlando ni París.
Hijos sin padre que vuelan
de coca y Poxiram.
En los bunkers sudacas,
en cambio,
(rejas, vigiladores y láser),
radica la esencia de la raza,
los futuros perpetuados en bronce.
Fortalezas elevadas de estirpe,
(cuentas suizas, narcodólares,
coimas parlamentarias)
Prohombres que escribiremos la historia
(deudas que pagan otros,
corrupciones, tortura).
En los ghettos sudaca,
cuidado,
viven esos salvajes,
enemigos de la civilización,
ignorantes que no conocen a Friedman.
Supersticiosos que tapan
los agujeros de sus chozas,
con fotos de Jesús, Evita, el Che y Maradona.
Se les ve en la piel su pobre ascendencia,
(quechua, aymará, querandí,
comechingón, guaraní, charrua,
africana, baja italia, lejana andalucía)
cuando se acercan a limpiarte el parabrisas,
pedirte una moneda con un crío en brazos,
con su olor a porro y vino en caja,
con su espalda doblada de madre de 13 años.
En los quinchos deliberamos,
por suerte,
luego del hoyo 18,
asado y whisky importado,
como deshacerse de ellos.
Ya no necesitamos
su mano de obra barata,
su carne de cañón
en guerra libertadoras,
y sus votos nos cuestan
cada día más empanadas.
Ha de ser urgente.
Andan cortando rutas,
instruyéndose sobre el valor de un libro,
la importancia de la solidaridad,
su inalienable dignidad de estirpe humana.
¿Que discurso al pie de la Bastilla es ese?
Otra vez esos subversivos
marxistas,
intelectuales,
pastores
y sotanas jóvenes,
que se internan en sus aguas servidas,
les apagan sus televisores
les rompen sus hipodérmicas
sólo para confundirlos,
hablándoles de otro mundo
posible y distinto.
Pero vos,
encuchá nuestros noticieros.
No te detengas en una villa,
(sólo quieren tu auto
y el cuerpo de tu hermana)
No mires sus montañas de cartones reciclados,
(las cambian por merca,
que nosotros les vendemos).
No compres sus cobros por indemnizaciones,
(justa paga por negarse a la esclavitud)
Tené en cuenta,
imberbe estúpido,
que si no seguís estas verdades,
como a tus padres,
te haremos desaparecer.
2003
14 de diciembre de 2008
Champagne agrio
Champagne agrio
Abrí la puerta del modular,
ese cuerpo solitario,
que alguien me regaló,
y puse sobre dos cajones.
Pobre y digno decorado.
La botella sigue allí.
Esa me la regaló Karina,
para poder brindar,
algún día,
con alguna Ella,
no imposible,
no virtual.
Karina también tiene un imposible,
pero no ha evitado desayunos,
príncipes de alfombras voladoras,
desayunos en Buenos Aires,
Montevideo,
Mallorca,
Rótterdam,
Dortmund.
Un mundo de favorita a sus pies,
que no ha podido comprar su corazón.
Por eso está allí,
esclava de un teléfono,
vendiendo,
agendando,
abonando,
con el sticker pegado
con un número particular.
Dice que lo marcará,
cuando yo le mande un mail,
contándole que descorché la botella.
Desafío de amigos.
¿Románticos o cobardes?
En algo parecidos y diferentes.
En algunas mañanas,
cuando yo marco salida
y ella entrada,
ella contándome de sus sueños,
yo todos los nombres de mi agenda vacía
(mis dedos desanudándole
cuello y espalda);
a mí me gusta darle consejos;
(esos que nunca sigo)
incitándola a pulsar las teclas,
a que me mire como espejo.
Espero no haga lo que yo,
en mi boca los silencios;
y el champagne
agriándose en la botella.
2003
Abrí la puerta del modular,
ese cuerpo solitario,
que alguien me regaló,
y puse sobre dos cajones.
Pobre y digno decorado.
La botella sigue allí.
Esa me la regaló Karina,
para poder brindar,
algún día,
con alguna Ella,
no imposible,
no virtual.
Karina también tiene un imposible,
pero no ha evitado desayunos,
príncipes de alfombras voladoras,
desayunos en Buenos Aires,
Montevideo,
Mallorca,
Rótterdam,
Dortmund.
Un mundo de favorita a sus pies,
que no ha podido comprar su corazón.
Por eso está allí,
esclava de un teléfono,
vendiendo,
agendando,
abonando,
con el sticker pegado
con un número particular.
Dice que lo marcará,
cuando yo le mande un mail,
contándole que descorché la botella.
Desafío de amigos.
¿Románticos o cobardes?
En algo parecidos y diferentes.
En algunas mañanas,
cuando yo marco salida
y ella entrada,
ella contándome de sus sueños,
yo todos los nombres de mi agenda vacía
(mis dedos desanudándole
cuello y espalda);
a mí me gusta darle consejos;
(esos que nunca sigo)
incitándola a pulsar las teclas,
a que me mire como espejo.
Espero no haga lo que yo,
en mi boca los silencios;
y el champagne
agriándose en la botella.
2003
La niña del teléfono
Hora del almuerzo.
La puerta se cierra,
se descuelga el tubo,
que nadie interrumpa.
La niña del teléfono siempre está allí,
sólo está on line con mis sentimientos,
comprende mis delirios de viejo tonto,
mezclamos nuestras historias platónicas,
ambos sabemos que quizá
no son tan platónicas como pretendemos.
Ella, a veces,
se esconde como yo,
a llorar bajo las sábanas.
La niña del teléfono
me dice, se enoja, se ríe;
que ese,
que le digo distraído y ensimismado,
no es su nombre;
ella no tiene seudónimos.
La niña del teléfono
se quita la máscara,
a la hora del almuerzo,
sólo para mí,
porque con historias tan diferentes,
tenemos la misma pena.
La niña del teléfono
terminará el rollo,
me entregará tres fotos,
quisiera ponerlas en mi escritorio,
antes de que me vengan a buscar.
2003
sel kumple de la Karina
La puerta se cierra,
se descuelga el tubo,
que nadie interrumpa.
La niña del teléfono siempre está allí,
sólo está on line con mis sentimientos,
comprende mis delirios de viejo tonto,
mezclamos nuestras historias platónicas,
ambos sabemos que quizá
no son tan platónicas como pretendemos.
Ella, a veces,
se esconde como yo,
a llorar bajo las sábanas.
La niña del teléfono
me dice, se enoja, se ríe;
que ese,
que le digo distraído y ensimismado,
no es su nombre;
ella no tiene seudónimos.
La niña del teléfono
se quita la máscara,
a la hora del almuerzo,
sólo para mí,
porque con historias tan diferentes,
tenemos la misma pena.
La niña del teléfono
terminará el rollo,
me entregará tres fotos,
quisiera ponerlas en mi escritorio,
antes de que me vengan a buscar.
2003
sel kumple de la Karina
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